OPINIÓN

10/05/2019

Contra viento y marea

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El Imacec de marzo conocido esta semana (1,9% en 12 meses) y las exportaciones de bienes de abril (-5,4% el primer cuatrimestre) no son buenas. Tampoco las percepciones de los consumidores de abril. En particular, la percepción de la economía a 5 años plazo ratificó la caída registrada en marzo, con un índice de 23,8 (menos de 50 puntos se interpreta como pesimista). Malo, considerando que el gobierno partió con récord histórico del indicador (51,4 en diciembre de 2017), que se calcula desde marzo de 2002.

Pero yo no encuentro tan preocupantes esas cifras. Lo que en realidad me quita el sueño es el argumento que se ha dado para explicarlas: que la economía mundial se ha puesto más hostil hacia las economías como la chilena, especialmente debido al conflicto comercial EE.UU.-China. Me recuerda al gobierno anterior, que culpó a la caída del precio del cobre por su mal desempeño económico.

¿Sabía usted que los países nórdicos eran subdesarrollados a comienzos del siglo XX? ¿Y que Australia y Nueva Zelanda también lo eran? Todos ellos tenían un ingreso per cápita inferior al de la Argentina de entonces. Todos ellos experimentaron elevadas tasas de crecimiento el siglo pasado, especialmente durante la primera mitad.

Difícilmente ha habido un período más hostil para crecer que ése en la era moderna, con dos guerras mundiales y la Gran Depresión, la mayor catástrofe económica que recuerde el planeta. Japón creció hasta convertirse en la segunda potencia económica mundial durante la segunda mitad del siglo XX. Su principal motor de crecimiento fueron sus exportaciones, en un período en que el mundo era mucho más proteccionista que hoy. Con algún rezago respecto de Japón, y partiendo desde mucho más abajo, Corea del Sur también dio el salto.

Chile crece poco y ha perdido competitividad internacional porque no ha hecho la tarea. No existe un plan estratégico nacional, como nos sugieren nuestros pares de la OCDE. Por el contrario, hay una notoria ausencia de nuevas políticas públicas audaces y estratégicas para volver a crecer.

El tema que desde 2011 obsesiona a las economías más dinámicas es cómo no quedar atrás en la incorporación de las nuevas tecnologías en los procesos productivos de bienes y servicios.

Bajo distintos nombres, la mayoría de esos países la cobijan bajo el título “industria 4.0”, donde “industria” incluye a todos los sectores. Se trata de un tema que está radicado en las oficinas de los respectivos Jefes(as) de Estado, y no en un ministerio específico o en reparticiones menores. El Estado, además, es un agente proactivo del desarrollo y la competitividad. Incluso en EE.UU.

Me quita el sueño que en Chile se le eche la culpa al escenario internacional por el mal desempeño. Ése mal escenario es solo un obstáculo más a vencer. Los países que dieron el salto al desarrollo lo lograron contra viento y marea. Y lo hicieron en democracia, algunas más perfectas que otras. Acá, en cambio, culpamos al viento y a la marea.

Fuente: La Tercera

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