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22/07/2018

Columna: "Las oportunidades que entrega la crisis de UNASUR"

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El presidente de CIEPLAN y ex canciller analiza el momento por el que pasa la Unión de Naciones Suramericanas, en su columna publicada hoy en El Mercurio.

La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) se encuentra en uno de sus momentos más críticos. Por nombrar sólo algunos ejemplos, la mitad de los países que la componen suspendieron su participación en ella, desde el año pasado el cargo de secretario general se encuentra vacante, y actualmente Ecuador está tramitando la devolución de la sede, inaugurada hace apenas cuatro años en la icónica ciudad de Mitad del Mundo, para destinar sus dependencias a la Universidad Intercultural de las Nacionalidades y Pueblos Indígenas Amawtay Wasi.

Incluso Evo Morales, en una reciente reunión con su par paraguayo, Mario Abdo Benítez, expresó: "Lamento decirles que Unasur está en crisis". Que sea Bolivia el país que emita estas declaraciones deja más que clara la gravedad de la situación, pues no sólo ha sido uno de los principales defensores del organismo, sino que tiene la presidencia pro tempore del mismo.

A pesar de las buenas voluntades de los países que en 2004 apoyaron la creación de una Comunidad Suramericana de Naciones (Chile entre ellos), los hechos de los cuales hoy somos testigos demuestran que Unasur no ha logrado ser un aporte significativo al antiguo sueño latinoamericano de la integración y, lamentablemente, no es le primer caso de un esfuerzo de este tipo que comienza de manera auspiciosa, pero que termina estancándose.

Para analizar el actual escenario debemos remontarnos a sus inicios, cuando Lula da Silva propuso crear CASA y reunir ahí a 12 países de América del Sur para buscar convergencias e integración. Estaba todo listo para que comenzara a funcionar de inmediato, incluso con una histórica mansión en Rio de Janeiro para usar como sede, pero Venezuela, a través de Hugo Chávez, consideró que el enfoque debía ser más bien una unión de países del sur para confrontar a los países del norte. A pesar de que nunca hubo completo acuerdo entre las 12 naciones, finalmente esa fue la perspectiva que se le intentó dar al nuevo organismo, que pasó entonces a llamarse Unasur.

La Unión de Naciones Suramericanas comenzó así su historia, siendo un proyecto con una ideología en particular que, hoy vemos, no se sostuvo en el tiempo. Y aunque aún es prematuro hablar sobre un desenlace, pues debemos ver cómo se resuelve la actual crisis en Venezuela o cómo se irá moviendo Ecuador con su nuevo Presidente, Lenín Moreno, una verdadera integración de países latinoamericanos todavía es un proyecto que podemos llevar a cabo.

Tal como las personas, los países también pueden- y deben- aprender de sus experiencias pasadas. La Unión de Naciones Suramericanas cayó desde sus inicios en un enfoque equivocado, pretendiendo formar un enfoque ideológico donde, por razones obvias, se fue haciendo difícil reunir a todas las naciones, y hoy vemos las consecuencias de ello.

Con o sin Unasur, como países latinoamericanos no debemos olvidar los beneficios que obtiene la región al fortalecer la integración. En este sentido, una alternativa promisoria es la convergencia entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur.

Aunque para esto es esencial el apoyo de Argentina y Brasil, la idea resulta atractiva pues la Alianza del Pacífico ha logrado moverse a una integración mirando temas más allá de la ideología, como las telecomunicaciones, infraestructura y reglas comerciales comunes.

Una convergencia entre Mercosur y la Alianza del Pacífico es un camino que traería importantes frutos para Latinoamérica, pues nos daría una voz más fuerte y organizada en los diálogos que se establezcan con la Unión Europea y los países de Asia, permitiéndonos aumentar las escalas de producción para llegar a mercados como el de China.

Una integración real, con un enfoque más abierto, que considere a la sociedad civil y los actores económicos, pero sobre todo, una integración sustentable que tome en cuenta la diversidad presente en los países de América Latina, sigue siendo una alternativa posible y, hoy en día, cada vez más urgente.

Columna en El Mercurio

Fuente: El Mercurio

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